9.12.10

Educación y crisis

Durante la reunión anual del colegio de mi hijo, las profesoras y la directora de la escuela informaron a todos los padres que debido a los recortes de horas al equipo formador de la escuela, habían decido no realizar excursiones de todo el día y eliminar las colonias anuales.
Las razones son obvias, el profesorado no quiere regalar horas a un sistema que no tiene en cuenta sus esfuerzos ni su dedicación desinteresada en realizar excusiones y colonias para los alumnos de su escuela. Los resultados también son obvios, ya que quienes resultan perjudicados en primera persona son nuestros niños, nuestros futuros adultos. Estos niños son los que se les recortan horas de actividades con el grupo reducido, de clases de más de 22 estudiantes, son los que se les recortan los profesores de apoyo y de educación especial a nuestros niños que más lo necesitan. Nuestros niños son los que reciben en primera persona los recortes a todos los niveles, son los que soportan estar en clases y escuelas en barracones (promesas de años en realizar la escuela nueva), que yo sepa no conozco ninguna administración pública (ayuntamiento, consell comarcal, diputación, Generalitat de Catalunya) que sus oficinas se ubiquen en barracas prefabricadas durante años.
Mi pregunta también es obvia, ¿por qué los adultos no respetamos como se merecen a nuestros niños? La respuesta se me atraganta : porque no pueden votar; porque aun no son adultos; porque su voz no vale; porque los adultos concebimos un mundo en el que el más débil (infancia)debe afrontar las desigualdades y esperar a ser adulto para hacer lo que le hemos enseñado. Les enseñamos que los más vulnerables deben aguantar las injusticias sin quejarse, ¡así es la vida! les solemos decir. Esto sin contar con las injusticias, vejaciones y maltratos que recibe la infancia en otros rincones del mundo, donde se les priva de su niñez y se les despoja de su inocencia de una manera brutal.
Me ha costado realizar este escrito dos meses de la reunión que asistí y me apretó el estómago. He tenido que masticar y digerir la situación para poderla reconducir de manera más constructiva. Mi voz por si sola es pequeña, pero poseo facultades para poder escribir y redactar mi reflexión compartiéndola con todos los corazones que quieran recibir mi mensaje. Un mensaje de esperanza y amor, de cambio y compromiso, un mensaje que nos haga pensar que hacemos con nuestros niños, con el futuro del mundo, como los estamos criando y educando. Quiero llegar a los corazones de todos aquellos que puedan cambiar este mundo en un mundo más justo. Utopía o realidad sólo depende de NOSOTROS LOS ADULTOS!