21.9.15

El ataque de la libélula


     Ayer por la noche, mientras leía a Kafka su clásico de "La metamorfosis", antes de ir a dormir, entró por la ventana una libélula. No sería extraño si viviera cerca de algún estanque, río o paraje natural, pero en la ciudad en una ático en un octavo piso, extraña que semejante insecto te visite de noche. 

     El susto que me llevé fue épico, asustada di un brinco que salté de la cama de un salto. Después de hablar con ella y proponerle que volviera a salir por la ventana, pasaron media hora y con ayuda de mi marido. Al final, la bonita Libélula azul se fue por mi ventana y siguió su camino.

     Extrañada pienso, mientras sigo leyendo a Kafka sus relatos de animales, que querrá explicarme la Libélula son su visita inesperada. Con esta perspectiva, busco en la red, que simbolismo tiene asociada la libélula y me encuentro interesante literatura respecto al tema.
Resumiendo: "Tiempo de transformación y resistencias al cambio"

Con esta cuestión me sumergí a morfeo ¿a qué me estaré resistiendo

El ser humano, en un continuo estado de cambio, tiene la fantasía de crear a su alrededor un mundo seguro y estable, fabricado por nuestro querido ego, que intenta por todos los medios aferrarse a lo conocido y evitar toda situación nueva. 

Y lo cierto es que todo cambio, por bueno que parezca nos da miedo, una emoción que gestionada correctamente nos aporta la prudencia necesaria para andar caminos desconocidos. De este modo con miedo y de forma prudente, dejándome llevar por la curiosidad que me embarca a nuevas experiencias avanzo para seguir con mi transformación personal

Gracias Libélula por tu ataque inesperado, ha sido genial haberte podido saludar.


Ábrete a tu nueva realidad,

Marta Tadeo
Terapeuta y escritora.

4.9.15

Tragedia!


     Las imagenes del cadaver del niño sirio en una playa de Turquia han dado la vuelta al mundo, ha conmocionado a toda Europa que ha cerrado los ojos ante la barbarie en Siria. 

     Esta noche he soñado que un autocar lleno de amigos mios se ahogaba ante mis ojos, solo nos salvábamos tres de la muerte.En el sueño cuando me salvan me curan y me dicen que me vaya de vacaciones a Marruecos para no sufrir por la muerte de mis compañeros, y mientras miro por el balcón la ciudad mágica de Fez mi pecho se desgarra, no quiero distraer mi sufrimiento, no quiero anestesiar más mis sentidos, quiero sentir la pérdida por muy dolorosa que sea,  quiero estar presente en mi misma en ese momento triste. 

     Me despierto con el corazón encogido y me pregunto cómo hemos llegado a esto, busco culpables y busco enfadarme con los gobiernos, con el estado,....

     Reflexiono, todos y cada uno de nosotros somos en parte responsables de lo que ocurre en el mundo, para mantener nuestra rtimo y calidad de vida necesitamos mucha energía, agua, productos, etc. Vivimos en una abundancia desmesurada a costa de saquear al resto del mundo, sobreexplotación en agricultura, sobreexplotación en la ganadería, vaciamos los océanos, nos quedamos sin árboles,calentamos el mundo y cambiamos el clima y todo para qué? 

     Abro los ojos e intento que mi vida sea lo más coherente con esta situación, asumiendo mi responsabilidad, creo que el cambio se ha de generar en cada uno de los individuos, cada uno de nosotros hemos de abrir los ojos y ver que estamos haciendo o permitimos que hagan y asumamos nuestra resposabilidsd con acciones concretas y cercanas. Hablemos a los demás de nuestro punto de vista, hagamos ver que lo que ocurre a gran escala es reflejo de lo que hacemos en nuestro hogar y cambiemos. 

     Tengo en mi mente al niño muerto en la playa, a todos aquellos que han muerto intentando mejorar sus vidas, aquellos que lo arriesgaron todo por la vida y no lo consiguieron, mi corazón está también con ellos, porque siento su dolor en mis entrañas como parte de mi ser. Es difícil sostener el dolor y seguir viviendo con ilusión para crear un mundo mejor, la vida es así. Espero que la muerte de este niño halla servido para concenciar y sensibilizar a más corazones, para despertar. 

Marta Tadeo